lunes, 12 de septiembre de 2011

Teatro del oprimido: Las obras de teatro de Ricardo Flores Magon


El anarquismo siempre se ha pensado desde otras formas de movilizar la vida, los espacios culturales y la educación son sus pilares de base; ahí está su lucha, ejemplo de esto es que uno de los representantes latinoamericanos más significativos de la lucha revolucionaria fue Ricardo Flores Magón; sus escritos políticos fueron siempre producto de su militancia y de su espíritu artistico.

Las obras teatrales de Ricardo Flores Magón describen la situación social imperante en el México de los años 1916-1918, "Tierra y Libertad", título de la obra está escrita en un lenguaje sumamente sencillo, para que la mayoría del pueblo se identifique, podríamos decir que los ensayos de un teatro del oprimido se encuentra precisamente en los centenares de cantores y artistas populares que desde su necesidad de un mundo más justo y solidario han salido a cantar al mundo sus sueños e ideales.

Si bien las obras de Flores Magón son extensas como para que sean presentadas en una sola puesta en escena, es importante entender su contexto histórico y que se las puede desestructurar por partes para representarlas, leerlas es entender que a pesar de que ha casi ya un siglo de haber sido escritas siguen teniendo vigencia por el orden social al que estamos sometidos

A continuación les presentamos el acto segundo de "Tierra y Libertad" quienes quieran leer la obra completa les adjuntamos la dirección donde podrán descargarla.

Por: Victoria


TIERRA Y LIBERTAD

ACTO SEGUNDO
El interior de un jacal sin más mobiliario que toscos trazos de madera y piedras que sirven asientos; un metate colocado el lado de un hogar apagado, compuesto de tres piedras sobre las que descansa una olla ahumada. De un rincón pende una cuna, a manera de hamaca, formada de un costal, y en la cuna descansa el cuerpo de un niño envuelto en trapos de dudoso color. La puerta por la derecha. De un rincón a otro pende un cordel que sostiene algunas piezas de ropa de manta del hombre y de mujer, puestas a secarse, pero lo suficientemente alto para no estorbar la vista de los personajes. En un rincón un baúl y, sobe éste, una cama enrollada en un petate.

ESCENA ÚNICA

Rosa y Marcos, después Ramón y Teresa; Peones Primero, Segundo, Tercero, Cuarto, Quinto; Hombres, Mujeres, Ancianos y Niños de la clase trabajadora; Don Benito, oficial y Soldados.

Rosa
(Haciendo oscilar la cuna por medio de una cuerda) No sé qué iremos hacer; cada día estamos más pobres, y el amo cada día se vuelve más exigente. Hoy me dijo el mayordomo, de parte del amo, que éste no permite que mis gallinas, se críen en terreno de la hacienda, y que tengo que comérmelas o venderlas al corral del amo, y ya sabes lo que eso significa: que regale mis animalitos.

Marcos
(Rascándose la cabeza) No sé que iremos a hacer. El administrador me dijo que esta mañana que ya debo a la hacienda doscientos treinta pesos, porque los ciento sesenta y cinco que debía mi difunto padre me los han cargado a mí. En cuanto a que vendamos las gallinas a la hacienda, bien se ve que no obtendremos un solo centavo, pues su precio, calculado muy bajo por el amo, será abonado a mi deuda (Escupe con rabie y grita) Rosa, esto es ya insoportable y tanta injusticia tiene que terminar.
Rosa
(Con convicción) Sí, tiene que terminar. (Llaman a la puerta) ¿Quién es?
Ramón
(Desde afuera) Somos Teresa y yo. ¡Abrid pronto! (Abre Marcos la puerta y entra Ramón y Teresa dando muestras de gran agitación)
Teresa
¿Sabéis lo que ha ocurrido esta tarde?
Marcos y Rosa
(Hablando a la vez) ¿Qué?
Teresa
El amo ha mandado a prender a Juan.
Marcos
(Admirado) ¿Ha mandado el amo prender a Juan?
Rosa
(Admirada) ¡Pero si Juan es quizá el hombre más bueno de la comarca!
Ramón
Si, el amo ha mandado a prender a Juan. El amo pretende hacerse amar de Marta. Marta rechaza los requiebros del amo. El amo ve que el obstáculo es Juan, por quien Marta siente profundo amor, y para deshacerse de Juan ha mandado prenderle, acumulándole el robo de un novillo. Juan ha sido llevado al cuartel de la ciudad, donde se le hará sentar plaza de soldado

Rosa
(Indignada) Ya esto es más de los que se puede soportar.
Marcos
(Airado) Tanta infamia reclama un pronto fin.
Ramón
Amigos míos, hay que hacer lago; no tardará en llegar algunos vecinos de la hacienda que desean que tú, Marcos, que sabes escribir con tanta buena letra y que has leído tantos libros y tantos periódicos, hagas por ellos un ocurso llamándole la atención sobre las injusticias de que somos víctimas, para que ponga el remedio.
Marcos
¿Un ocurso al gobierno?
Ramón
Sí, en él pondrás que nos encontramos todos en la miseria; que necesitamos tierra para sembrar por nuestra cuenta; que nos libre de las deudas que tenemos con la hacienda; que….
Marcos
¡Basta! Yo no me presto a hacer peticiones de esa naturaleza.
Rosa
Muy bien Marcos; ya no es tiempo de pedir, sino de tomar. (Se escucha afuera un murmullo de voces).
Ramón
Ya vienen los vecinos.
Rosa
Abramos la puerta (Marcos abre la puerta; entra unas treinta personas, hombre, mujeres, ancianos y niños, todos pertenecientes a la clase trabajadora del campo).
Primer Peón
(Entrando) Buenas noches.

Rosa, Marcos, Ramón, Teresa
(A una voz) Buenas noches
Primer Peón
Venimos a darte una molestia, Marcos. Tú, que sabes escribir tan bien, vas a escribir una solicitud al gobierno para….
Segundo Peón
(Interrumpiendo) ¿Ya sabes lo que le pasó a Juan esta…?
Tercer Peón
(Interrumpiendo) No olvides decir, Marcos, que necesitamos tierra para cultivar nuestra….
Cuarto Peón
(Interrumpiendo) Así como agua para regar nuestras….
Quinto Peón
(Interrumpiendo) Y que se acabe la leva., Marcos; y no se te olvide decir que queremos que se nos perdonen las deudas que tenemos con la hacienda.
Marcos
(Con impaciencia) ¡Basta! Sois chiquillos, ¡tan inocentes como unos chiquillos! Para vosotros no ha corrido el tiempo. Pensáis y obráis como pensaron y obraron vuestros padres hace cien años, como pensaron y obraron vuestros antepasados hace quinientos, hace mil años. Queréis que el gobierno os libre de la tiranía y os salve de la miseria… ¡Inocentes! ¿Cuándo se ha visto que el gobierno de pan al hambriento y libertad al esclavo? (Pausa) (Nerviosos va y viene a los largo del jacal; los circunstantes se miran asombrados y se cuchichean palabras al oído; se detiene y prosigue) No necesito decírselos; los hechos hablan: ¡todo gobierno es malo para los pobres!
Primer Peón
(Convencido) Lo que dice Marcos es la mera verdad, y….
Segundo Peón
(Interrumpiéndole) Mis padres fuero tan desgraciados como yo, no obstante que vivieron bajo gobierno, y….

Tercer Peón
(Interrumpiéndole) Pues mis abuelos me decían que en su larga vida nunca vieron que el gobierno protegiera al pobre, y….
Cuarto Peón
(Interrumpiéndole) Pues la verdad es que no me acuerdo haber visto alguna vez que el gobierno haya protegido al débil, ni….
Quinto Peón
(Interrumpiéndole) Mi padre murió en el presidio; mi hermano, en el cuartel…
Marcos
¿Y con toda esa experiencia esperáis todavía justicia del gobierno? ¡Abrid los ojos! Lo que necesitamos los pobres es hacernos justicia con nuestras propias manos. ¡Rebelémonos! (Todos excepto Marcos y Rosa) (Santiguándose) ¡Ave María Purísima!
Marcos
(Indignado) ¿Tenéis miedo? Pues bien, agachad las orejas y permaneced encorvados bajo el peso de vuestra vergüenza. Si no os doléis de vosotros mismos, al menos no añadáis una afrenta nueva a la que ya tenéis encima, que afrenta sería pedir justicia a nuestros verdugos cuando la dignidad no grita que debemos arrancarla por la fuerza de las manos de nuestros opresores. ¡Dejadme en paz! ¡Marchaos! (Con vehemencia) ¡Siento que la tierra se estremece de indignación bajo vuestras pisadas de rebaño! (Todos permanecen en sus respectivos sitios; los más se rascan la cabeza, consternados) ¡Marchaos! Volved al surco a empaparlo con vuestro sudor para que vuestros tiranos se aprovechen de las cosechas; id a recibir, como premio a vuestra mansedumbre, el estupro de vuestras hijas por los amos, y el cuartel, la ley fuga o el presidio para vosotros. ¡Eso es lo que se merece el que no se levan5ta airado a cerrarle el paso al crimen! ¿Pedís? (Con desprecio) Pues bien, aceptad entonces lo que os den: la esclavitud, la deshonra y la muerte.
Ramón
(Reposado) No tenemos miedo, Marcos. ¿No es la muerte mil veces más dulce que los tormentos que sufrimos los pobres? No tenemos miedo a morir; pero ¿qué ganamos con rebelarnos? Si supiéramos que con rebelarnos nuestros hijos tendrían asegurado el pan y afianzada su libertad, no vacilaríamos en hacerlo; pero no sucede así. Hemos tenido muchas revoluciones y ¿qué es lo que siempre ha sucedido? Cae un mal gobierno para establecerse otro tan malo como el que cayó. El pobre queda siempre pobre.
Marcos
El pobre queda siempre pobre porque, al levantarse en armas, el pobre espera que un nuevo gobierno haga su felicidad. El gobierno no librará nunca de la miseria al pobre, porque no es
esa su misión. La misión del gobierno, de cualquier gobierno, de todo gobierno, es proteger los intereses de los ricos, intereses que solamente pueden prosperar mediante el sacrificio del pobre. Si el pobre trabajara solamente para sí mismo y para su familia, ¿qué comería el rico? ¿De dónde sacaría entonces el poderoso el lujo que ostenta? Para que el rico goce, es preciso que el pobre sufra. Así pues, lo que se necesita es que ya no haya ricos, que todos seamos iguales, y para conseguir eso no hay más que un medio: arrebatar de las manos de los ricos la tierra, las casas, las maquinas, todo lo que existe, y hacer de todo ello la propiedad de todos. De esa manera ya no necesitaríamos alquilar nuestros brazos a ningún amo, y todo lo que produzcamos los trabajadores será para los trabajadores, y el bienestar de que disfrutan los ricos ahora será disfrutado por los trabajadores.
Rosa
(Con convicción) Esa ha sido nuestra falta: que no hemos levantado en armas para derribar un gobierno y poner otro en su lugar, en vez de levantarnos para arrebatar la riqueza de las manos de los ricos. (Llama a la puerta; todos se miran asombrados).
Marcos
¿Quién es?
Don Benito
(Desde afuera) Abrid, hijos míos. (Todos, con excepción de Marcos y Rosa) (A una voz) ¡El señor cura! (Rosa se apresura a abrir la puerta).
Don Benito
(Entra haciendo caravanas a derecha e izquierda) (Con unción) Buenas noches, hijos míos. (Todos, con excepción de Marcos y Rosa) (Arrodillándose) (A una voz) ¡Buenas noches, señor cura!
Don Benito
(Aparte) Estos condenados de Rosa y Marcos son unos herejes. (A todos) Levantaos, hijos míos, y que dios os bendiga. ¿Os divertís? ¿Celebráis alguna fiesta? (Aparte) ¿Cómo justificaré mi presencia en este lugar y a esta hora? Voy a decir una mentirijilla cualquiera a estos brutos. (A todos) Pasaba camino del curato cuando me sorprendió ver luz a través de las rendijas de la puerta. Algún enfermo, me dije, y me atreví a llamar a la puerta. (Con hipocresía) ¡Es tan dulce consolar al que sufre….!
Marcos
No se celebra aquí ninguna fiesta no nadie se encuentra enfermo. En cuanto a los que sufren… ¡somos todos nosotros!

Don Benito
(Con unción) Bienaventurados los que sufren en la tierra, que de ellos será el reino de los cielos.
Rosa
(Con sorna) Y los que son felices en la tierra, ¿pueden entrar también en el reino de los cielos?
Don Benito
¡Naturalmente, hija mía, naturalmente si son buenos cristianos!
Rosa
Entonces, bueno sería que todos gozarán aquí, en la tierra, y en el reino de los cielos. Al menos eso sería lo justo. Un dios verdaderamente justo se procuraría porque todos fuéramos felices, como un buen padre de familia se preocupa por la felicidad de todos sus hijos.
Don Benito
Nadie puede juzgar las obras de dios. (Aparte) ¡Carambas, cómo ha despertado esta gentuza! (A Rosa) La sabiduría divina quiera que haya pobres y ricos, para probar quienes son los buenos que soportan, con mansedumbre, su pobreza, y merecen, por lo mismo, entrar al reino de los cielos, y quiénes son los díscolos, para quines existen las llamas del infierno. (Todos, con excepción de Marcos y Rosa, se miran azorados y hacen la señal de la cruz) (Aparte) Hay que atemorizar a la plebe pintándola infiernos y demonios, porque, de lo contrario, ¡pobres de nosotros los representantes de dios: tendríamos que trabajar para comer! (A todos) ¿A qué se debe, hijos míos, esta reunión?
Ramón
Señor cura: hemos venido a pedirle a Marcos que nos escriba una solicitud para el gobierno pidiéndole justicia.
Don Benito
(Fingiendo asombro) ¡Justicia! ¿Pues qué os pasa?
Ramón
Han aprehendido a Juan, acumulándole el robo de un novillo. Juan es el hombre más honrado de la haciendo: cumplido, trabajador, buen vecino. Es un hombre incapaz de cometer un delito…

Rosa
(Interrumpiéndole) (Con desprecio) ¡Di la verdad, Ramón: le han prendido porque Marta es bonita y él es un estorbo para que el amo la haga suya!
Marcos
La misma historia de siempre: hemos de sudar para el amo y hemos de tener mujer para el amo. (Escupe con rabia)
Don Benito
(Fingiendo asombro) ¿Pero es imposible eso?
Primer peón
¿No recuerda usted, señor cura, que a Melquíades, el vaquero, lo mató la Acordada porque se opuso a que el amo le deshonrara la hija?
Segundo peón
¿Y quién ha olvidado que Santiago, el carrero, se pudre en la cárcel tan sólo porque le hizo ver al amo que la manta que nos vende en la tienda de raya, además de mala, es cara?
Tercer peón
Pero sin ir muy lejos, ¿qué tantos días hace que Gregorio, el guadañero, fue enviado de recluta al cuartel, tan sólo porque no flato quien le diera aviso al amo de que él andaba diciendo que se nos hace trabajar como machos y se nos da de comer como a perros?
Cuarto peón
¡Queremos Justicia!
Quinto peón
¡Queremos tierra para trabajar por nuestra cuenta!
Don Benito
(Aparte) Tierra para trabajar por cuenta de ellos, y entonces ¿quién trabajará para el amo, para el gobierno y para mí? (A todos) Hijos míos: dios, grande y misericordioso, os puso en la tierra para ver si erais fuertes para soportar todas las miserias de este valle de lágrimas y llevaros después a su seno. Mientras más sufráis, aquí, más posibilidades tendréis de subir al cielo. (Aparte) Ganas me dan de reír con tanto mentira: ¡si supieran estos idiotas que no hay cielo, había de querer gozar aquí, y entonces los arruinados seríamos los que no sabemos trabajar!
(A todos) No ambicionéis los bines de esta tierra. El amo, los ricos todos, son los administradores de la riqueza en beneficio vuestro. ¿Qué haríais sin los ricos? ¿Quién os pagaría vuestros salarios? (Con énfasis) ¡Os moriréis de hambre!
Marcos
(Con enfado) ¡Se morirán de hambre solamente los que no quisieran trabajar!
Don Benito
(Colérico) ¿Qué es los que dices, insensato?
Marcos
(Con firmeza) Lo que oyes, ¡impostor!
Don Benito
(Temblando de ira) ¡Estás excomulgado! ¡El infierno re espera! (Aparte) A éste hay que hacerlo desaparecer.
Marcos
¿El infierno? ¿Habrá infierno peor que el que sufre el pobre? Si hubiera un infierno, él estaría repleto, no de miserables como yo, sino de bribones como tú, que atan con el miedo la mano del pobre para que no la levante contra sus verdugos.
Don Benito
(Disimulando su cólera) Dios me dice que tenga yo piedad para los pecadores. Así es que yo te perdono, Marcos. (Aparte) Perdonarlo, ¡un demonio! Ya verá lo que se le espera. (A todos) Hijos míos, ya es muy tarde y tengo que retirarme a mi lecho. (Consultando su reloj) ¡Ave María purísima!: son las diez de la noche (Aparte) En cinco minutos me pongo al habla con el oficial del destacamento, y a ver si no se ablanda el tal Marcos. (A todos) Quedad con dios, hijos míos. Buenas noches. (Nadie le saluda; se dirige a la puerta) (Aparte) La gente ya no teme a dios; ¡El reinado de la injusticia está por desplomarse! (Sale)
Rosa
(Abrazando efusivamente a Marcos) Marcos mío, ¡qué orgullosos estoy de ti!
Marcos
(Radiante) ¡Mueran los ricos!

Todos
(A una voz) ¡Mueran! (Se acercan a Marcos y le abrazan).
Marcos
¡A las armas, hermanos, a tomar lo que nos pertenece! ¡Viva la Revolución Social!
Todos
(A una voz) ¡Viva!
Oficial
(Desde afuera, dando golpes con el pomo de la espada) (Con voz de trueno) ¡Abrid la puerta en nombre de la justicia!
Marcos
(Indignado) ¡El fraile nos ha delatado!
Oficial
(Desde afuera) (Con voz de trueno) ¡Abrid en nombre de la justicia, o echo abajo esta puerta! (Da repetidos golpes con el pomo de la espada) ¡Soldados: echad abajo la puerta abajo a culatazos…! (Se escucha el estrépito de los culatazos de gritos de ¡Mueran bandidos! ¡Viva el supremo gobierno!)
Marcos
Compañeros: si alguna víctima tiene que haber, ¡que sea yo esa víctima! Me echaré toda la responsabilidad.
Rosa
(Con vehemencia) ¡Y yo también! (Se coloca al lado de Marcos) (La puerta cae, y entran precipitadamente el oficial y diez soldados apuntando con sus fusiles)
Oficial
(Con voz de trueno) ¡Rendíos, bandidos! Aquí se conspira contra la ley y el orden (Aparte) De esta hecha el gobierno me hace coronel. (Se adelanta hacia Marcos y, poniéndole la punta de la espada en el pecho, le grita) ¡Ríndete, pelado!

Marcos
(Aparta rápidamente la espada de su pecho, al mismo que saca un puñal que lleva oculto debajo de la camisa y asesta una puñalada al oficial en el corazón) (Con energía) ¡Toma! (El oficial cae muerto a sus pies: los soldados, asombrados descasan las armas) En nombre de la ley venías a aprenderme; pues bien, ¡en nombre de la justicia me defiendo! (A los soldados con tono solemne) Ha muerto vuestro verdugo: ¿os atreveréis a prender a vuestros hermanos? (Se da un golpe con el puño en el pecho) Vosotros sois pobres como nosotros, y al apoyar con vuestros fusiles al gobierno, apoyáis al que nos hace desgraciados a nosotros y a vosotros mismos. Vuestras familias están en la miseria, sufren de hambre, desnudez y opresión, y vosotros, con vuestros fusiles, sostenéis a los que causan el sufrimiento de los vuestros, de la carne de vuestra carne, y sangre de vuestra sangre. (Con vehemencia) El soldado es el verdugo de sus propios padres, hermanos e hijos. Asordaos que sois hombres y unidos a nosotros para derribar la opresión la maldita trilogía que hace desgraciado al ser humano: ¡El burgués, el clérigo y el gobernante!
Soldados
(A una voz) ¡Viva la revolución!
Todos
(A una voz) ¡Viva! (Se abrazan soldados y paisanos).
Marcos
Compañeros: no hay que perder el tiempo. La hora de la libertad de los esclavos ha sonado. Que cada quien llame de puerta en puerta anunciando la buena nueva para que se nos unan todos lo que tengan corazón, y en seguida a rescatar a Juan y a María, y a tomar, por último, posesión de la hacienda para el beneficio de los trabajadores ¡Adelante! (Se dirige a la puerta y sal acompañado de Rosa que ha tomado al niño de la cuna)
Todos
(Dirigiéndose a la puerta y saliendo) (A una voz) ¡Mueran los ricos! ¡Mueran los frailes! ¡Mueran los gobiernos! ¡Viva Tierra y Libertad!
Telón.

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